Opiniones Nacionales

La comedia más triste del mundo

Por Gustavo González*

No es del todo justo calificar de mafia a los servicios de Inteligencia argentinos. La mafia es sinónimo de crimen organizado, estructuras disciplinadas y cerebros al servicio del mal. El espionaje argentino no es eso. Todo lo que se leerá a continuación fue publicado en los últimos días. Lo extraño es que nadie se ría. Jueces, fiscales, periodistas, políticos oficialistas y opositores toman las revelaciones sobre el espionaje local como si estuvieran ante una novela de John Le Carré, en la cual los espías parecen temiblemente talentosos y las historias parecen ciertas. Pero la que está pasando tiene el sello inconfundible de Osvaldo Soriano en El ojo de la Patria, con su desopilante protagonista, el espía Julio Carré. La causa en el marco de la cual el juez Federico Villena detuvo esta semana a 22 personas comenzó con un supuesto atentado contra un supuesto ex agente llamado José Vila. El atentado resultó fallido, ya que la bomba que le dejaron no estaba en condiciones de explotar y quien la dejó no se dio cuenta de que estaba siendo grabado por las cámaras de seguridad de la zona. Luego entró en escena alguien que se autoinculpó, declarando que había sido él quien colocó aquella no-bomba. Es un supuesto narco apodado Verdura, quizá como confeso sinónimo de que todo lo que dice es falso. Verdura se entregó en febrero, diciendo –como en las novelas– que estaba cansado de escapar. Primero declaró que trabajó para la AFIP, luego aclaró que no era la AFIP sino otro organismo con una letra menos, la AFI, la central de Inteligencia. Desde entonces no dejó de aportar denuncias sobre el espionaje en la era Macri.

Whatsapp. Entre los 22 detenidos estaba Martín Terra, que ingresó a la AFI en la gestión macrista. Terra no sabía nada de Inteligencia, era chef. Pero eso quedaba compensado por el hecho de que su jefe máximo, Gustavo Arribas, tampoco sabía nada de Inteligencia, era representante de jugadores. Terra es el ex marido de Analía Maiorana, quien es la esposa de Diego Santilli, quien fue uno de los espiados por los espías de su partido. Al vicejefe porteño lo seguía otro espía llamado Matta, a quien un día Santilli lo descubrió espiando. Matta le dijo que en realidad lo admiraba y terminaron sacándose una selfie. El juez también averiguó que 18 de los detenidos integraban el grupo de Whatsapp “Súper Mario Bross”. Los espías compartían ahí los dossiers, fotos, filmaciones y todo lo que obtenían de su espionaje ilegal. Soriano no lo hubiera imaginado mejor: Verdura se entregó porque estaba cansado de huir, se hizo cargo de un atentado fallido por el que nadie lo culpaba y terminó revelando una fascinante red de espionaje ilegal. Y los responsables de ese espionaje dejaban registro de todos sus ilícitos en un grupo de Whatsapp. Así las cosas, todo resultaba sencillo para el magistrado hasta que el viernes la Cámara Federal de La Plata lo apartó de la investigación: los hechos ilícitos que Villena investigaba tuvieron lugar gracias a tareas de Inteligencia que había ordenado… Villena. Al descubierto. Los espías investigados fueron prolijos para dejar sus huellas en cada lugar que les tocaba espiar. Cristina Kirchner los denunció, con fotos incluidas, cuando le hacían guardia enfrente del Instituto Patria. Allí se los ve en un auto maniobrando con dificultad para escapar después de que los descubrieran. Los testigos de Cristina que confirmaron que esos espías espiaban fueron Patricia Ponce de León y Bruno Kruger, dos personas de confianza de la ex presidenta. Sus nombres se conocieron en 2015, cuando Rodis Recalt los reveló en la revista Noticias al denunciar la lista completa de los militantes con la que el kirchnerismo quiso minar la AFI antes de dejar el poder. Oscar Parrilli era el jefe de la AFI que intentó aquella operación de desembarco que la tapa de Noticias frenó. Es el mismo Parrilli que esta semana se mostró indignado por cómo el macrismo mezclaba política y servicios. Durante el kirchnerismo hubo un ministro que denunció esa oscura relación con la foto de Stiuso en la mano. Era Gustavo Beliz y fue echado de inmediato. Sorianesco. La acusación de que los espías argentinos se la pasan investigando a políticos y periodistas también es, como la de formar parte del crimen organizado, un tanto exagerada. Más que investigar, lo que hacen es recortar notas periodísticas, adjuntar un Veraz y, eventualmente, alguna foto que obtienen si no los descubren antes. Entre las revelaciones de la causa que investigaba Villena, aparece el caso de Diego Bossio. Los espías lograron saber que el ex diputado, que se la pasaba contándoles a los periodistas que negociaba electoralmente con el peronismo, en efecto estaba negociando con el peronismo. Tras ese hallazgo surgió un problema que quedó registrado en uno de los chats de Whatsapp: “Ahora hay que conseguir la dirección”. No todo era tan sencillo. Otra de las revelaciones que ahora se conocen es que los agentes habían detectado que un sector de Cambiemos impulsaba a María Eugenia Vidal como candidatura alternativa a la de Macri. Que era lo que también decían los recortes periodísticos.

Uno de los dirigentes macristas que ahora se convirtió en querellante cuenta que cuando fue a declarar le mostraron toda la data que habían obtenido sobre él: notas de medios y un informe estilo Veraz, pero menos completo. Dice que en ese momento pensó: “¿Y para esto les pagan?”. Para que la parodia fuera completa, Soriano hubiera agregado que los espías enviados a espiar por el Presidente no le entregaran sus informes ilegales al jefe de los servicios para que este se los llevara clandestinamente y en mano a su amigo Macri. Soriano habría imaginado que lo más disparatado era escribir que los espías se presentarían con sus informes en la recepción de la Casa Rosada, para registrar cada ingreso y dejar documentado que iban a ver a una empleada llamada Susana Martinengo, quien luego le llevaba los informes al secretario privado Darío Nieto y, recién después, los recibiera el propio presidente. Este es el hilo argumentativo de la hipótesis judicial. Como un homenaje a El ojo de la Patria, aunque tampoco habría que descartar que todo sea tan burdo y lineal. Bonadio/Villena. A esta comedia no le podía faltar un subtexto también farsesco. Todos los gags están dentro de una trama tan obvia que sería muy graciosa si no fuera triste: la “gran Villena” es la respuesta explícita a la “gran Bonadio”, con la intención de igualar a los presos de un lado con los presos del otro, quizá en la búsqueda de un empate técnico que derive en algún tipo de amnistía política. La trama incluye un patético show mediático similar al que durante el macrismo se hizo, entre otros, con el ex vicepresidente Amado Boudou, filmado mientras lo detenían: descalzo, en pijama y esposado. El del espionaje es el capítulo semanal de otra novela mayor que llamamos grieta, pero que es la incapacidad argentina para resolver nuestros problemas permanentes. Puede que dé risa, pero es la risa más triste del mundo.

*Artículo publicado en www.perfil.com