Recreo

Como ayudar a los chicos que se agotan de las clases virtuales

La cuarentena cambió la funcionalidad de los espacios del hogar, convertidos en salones de fiesta, oficinas y aulas escolares y los chicos comienzan a verse afectados en aspectos físicos y emocionales, advierten psicólogos en la semana en que se cumplirán 80 días de aislamiento social por la pandemia de coronavirus.

Tantas horas de clases virtuales les cansan la vista y les provocan dolores de espalda y fatiga, sobre todo a los que estaban acostumbrados a disfrutar de los recreos, de los amigos y del ámbito escolar.

Según estudios de científicos, los chicos pueden sostener la atención entre 30 y 40 minutos de manera presencial. Por ese motivo existen los descansos en el patio, con tiempo suficiente para conversar, jugar o renovar la oxigenación de la mente.

Pero como las clases presenciales se suspendieron y no volverán hasta que aparezca una vacuna o un tratamiento eficaz contra el COVID-19, según deslizó el ministro de Educación, Nicolás Trotta, los alumnos transitan por un período emocional que combina conductas adaptativas con incertibumbre, con determinadas consecuencias.

“En estos formatos de clases virtuales, el sostenimiento de la atención disminuye considerablemente, sobre todo en los chicos más pequeños”, señala a Con Bienestar la licenciada en psicopedagogía Florencia Gujis (M.P.1.528).

“Seguir las clases con el formato presencial, pero a través de la computadora, es muy dificultoso. Los chicos requieren un esfuerzo mayor para comprender, procesar y seguir la información que brindan los profesores”, asegura Gujis.

Al delay o las fallas de conexión se le suma también el peligro de la pantalla. Copiar a través de ella no es lo mismo que copiar de un pizarrón. El brillo afecta la visión y el cansancio aparece.

“Muchos papás están totalmente colapsados por las tareas escolares, hogareñas y sus propios trabajos, más la crianza de los chicos. Porque esto no termina con la tarea, sino que los más pequeños demandan más de sus padres y les piden que jueguen porque no tienen a sus amiguitos para jugar”, describe la psicopedagoga y señala que esto hace que las dinámicas familiares “estén muy trastocadas”.

La licenciada indica que cada familia debe encontrar su equilibrio, algo que no es sencillo. Deben tomar decisiones que a veces cuestan. Es un momento en el que todos deben mostrar “mucha más flexibilidad” porque las complicaciones son evidentes.

“Hablar de estrés escolar es empezar a tirar de un hilo que tiene muchos más nudos de los que nos podemos llegar a imaginar”. alerta la licenciada Gujis, que da estos consejos para desactivarlo:

• Dejar de lado la omnipotencia: sacarles de la cabeza a los chicos que tienen que poder con todo.

• Dejar todos los días un espacio para el ocio, la recreación y el juego. Leerles un libro, ver una película con ellos o compartir un juego de mesa. “Que no falten los momentos de creatividad, de intercambio sin exigencias, que son muy importantes”, asegura.

• Cuando los padres ven que no pueden con todo, contactarse con los docentes y conversar. Contarles la situación de su hijo con respecto a las asignaturas y ver dónde está la prioridad.

• Encarar las tareas más complejas en los momentos en que los chicos tienen más energía y están más despiertos.

• Dividir tareas. Si hay que leer un texto y luego realizar una consigna, se puede ayudar en la lectura y hacer un párrafo cada uno. O solo colaborar en el entendimiento de la consigna para que luego la completen solos.

Sugerencias para las familias

• Poner límites y establecer tiempos con respecto a la diversión a través de dispositivos. No dejar a los chicos horas y horas detrás de una tablet, celular o televisión.

• Establecer tiempos laborales en los adultos. No se puede trabajar todo el día. Como así tampoco pueden estar tantas horas los chicos realizando tareas o estudiando.

• Repartir tareas hogareñas. Los chicos pueden colaborar, aunque sea, poniendo o sacando la mesa, haciendo la cama o acomodando su ropa.

• Establecer tiempos para realizar rutinas y respetarlos. Se logra con la práctica.

• En caso de estar sobrepasados, hay que pedir ayuda. Consultar a un psicólogo. Si los mayores no están bien, los chicos pueden verse afectados.