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Fútbol en River y una infancia difícil: la historia de Braian Toledo

La muerte de Braian Toledo golpeó al mundo del deporte y a quienes lo conocieron, quienes destacan no solo su capacidad como atleta sino su generosidad y su historia de superación, marcada por una infancia difícil y llena de carencias en Marcos Paz, con un sueño de futbolista que se cortó de raíz por su imposibilidad de viajar y con una segunda oportunidad de la mano del lanzamiento de jabalina.

“Me di cuenta a los 10 años que éramos pobres. Generalmente yo no me daba cuenta porque casi todos los vecinos éramos iguales”, contó en octubre del año pasado en diálogo con Infobae.

“Una madrugada yo me levanté a hacer pis y encontré a mi mamá llorando en el comedor de la casilla que vivíamos. Le pregunté qué pasaba y no me quiso decir hasta que insistí tanto que me terminó diciendo. Me dijo que no sabía qué iba darme de comer a mi hermana y a mí al otro día (…) Mi mamá se reía porque tenía 9 años, pero ese día yo me lo tomé totalmente en serio”, agregó en esa misma entrevista. Desde entonces, comenzó a vender dibujos y a hacerles trabajos prácticos a compañeros de la escuela por 25 o 50 centavos. Con eso compraba pan para su casa.

En 2012, en Despertate, por la pantalla de TyC Sports, también había contado la situación económica de su familia lo había obligado a abandonar el fútbol en las Infantiles de River: “Jugaba de 2, desde los 8 a los 10 años, y lo dejé por temas económicos. Ojalá hubiera tenido que dejar por ser malo, habría sido mucho más fácil dejar algo que te gusta”.

Entonces le llegó la posibilidad del lanzamiento de jabalina. Gustavo Osorio, su profesor de Educación Física en cuarto grado de la Escuela Nº 15 de Marcos Paz, descubrió el potencial de su brazo derecho cuando lo hizo lanzar una pelotita de sóftbol.

Con el atletismo recorrió el mundo. En el Mundial juvenil en Italia, en 2009, consiguió la marca de 79.44 metros y se quedó con el tercer lugar del podio. Luego, obtuvo la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de la Juventus de Singapur, en 2010. Además, participó de los Juegos Olímpicos de Londres, en 2012, y Río de Janeiro, en 2016.

Toledo contó cuando bajaba el colchón al piso en los hoteles de la concentración:

En sus viajes, dormía en el piso porque la cama le daba vértigo. “Hasta los 12 años tenía una cama para nenes, pero dejé de entrar. Tuvimos que tirar un colchón en el piso de la casilla, pero era finito y había mucha humedad, así que poníamos cartón y lonas en el medio. Me acuerdo que en 2009 tuve un viaje con toda la delegación argentina y la primera noche, en nuestra pieza, hicimos un quilombo tremendo. Entró el técnico y nos retó. ‘Es culpa mía, profe, disculpe’, le dije. Pero él siguió enojado. Entonces le tuve que explicar que estabamos corriendo todo porque no podía dormir arriba de una cama. Al otro día, en el desayuno, me fue a buscar, le conté mi historia, se emocionó y me pidió disculpas”, relató a El Gráfico en 2016.

Toledo estaba radicado hacía meses en Finlandia, donde se encuentran históricamente los mejores especialistas en lanzamiento de jabalina. Había retornado a Buenos Aires para visitar a su familia y participar de un campus de deportistas juveniles en el Cenard con vistas a los Juegos de la Juventud de Dakar de 2022. Ayer, antes de la medianoche, un trágico accidente le costó la vida.