Fotos del Día Política y Economía

¿Bonos o zanahorias?

Por: Alberto Hedman

En el marco del escaso mes que falta para el recambio presidencial, crecen tanto la incertidumbre como las expectativas respecto a las políticas de recomposición del ingreso que se espera encare el nuevo gobierno encabezado por Alberto Fernández. El nuevo presidente, sin embargo, tendrá que batallar con los indicadores negativos que le dejó Cambiemos. Sólo en los primeros seis meses, y sin contar los últimos diferimientos y tomas de deuda, Argentina deberá pagar 20.000 millones de dólares en vencimientos de deuda, y en el año 30.000 millones en la misma moneda. Lo deberá hacer con el aditamento de una caída espectacular de las reservas del BCRA, hoy mal contenidas por medio del “cepo” cambiario. La inflación galopante y la inercia recesiva, junto a la desocupación y la pobreza, son otros tantos nudos gordianos que el Gobierno que se va deja sin resolver. El 300% de inflación acumulada (parámetro que según el propio Macri debe usarse para juzgar su gestión) empobreció a medio país, pero también favoreció a los grupos de poder concentrado, como los bancos, que en el período se alzaron con unos 424 mil millones de pesos de ganancias (medio billón). Este balance desequilibrado gravitará con fuerza el año próximo, y obligará al nuevo Gobierno a dar tempranas señales de cumplimiento de sus promesas de reorientar la economía en dirección a la recuperación de ingresos y nivel de vida populares. El programático discurso de Alberto Fernández en la UNAM de México, anuncia una voluntad fuerte y claridad frente a ese desafío. De partida, el presidente electo se reunirá el viernes con la CGT nacional y en medios gremiales se dice que aprobará, para paliar los efectos de la crisis, el otorgamiento de un bono de fin de año.

Misioneros expectantes

En Misiones, donde la equidad salarial es una gran deuda pendiente, José MIlcíades Giménez, de la CGT Misiones (ver aparte) anticipó en declaraciones al matutino colega Primera Edición que pedirán el bono. “Bienvenidas sean las empresas que pueden colaborar y estar a la altura de las circunstancias”, comentó. Jorge Duarte, de la Confederación de Trabajadores Argentinos (CTA), fue más allá y subrayó que pese a que ATE y CTA entienden la realidad actual, “eso no va a significar el renunciamiento de ninguno de nuestros derechos laborales y sociales”. Las posturas definen la tensión que, inevitablemente, acompañará al inicio del gobierno del Frente de Todos. La recomposición de ingresos ya genera posturas distintas y, sin duda, estará en el centro de la agenda a inaugurar después del 10 de diciembre. Lo estará tanto por la crisis subyacente, como por exigencia objetiva del modelo económico basado en el consumo que promueven Alberto y Cristina. En cuando a quién pagará la factura, pregunta in péctore de muchos empresarios y analistas, Alberto responde con sonrisa ecuménica, y Cristina va un poco más allá: “no es justo que paguen los que sufrieron más estos años”.

¿Perón vuelve?

El modelo del Frente de Todos se referencia en el tercer gobierno de Perón, que en lo político se definió por el abrazo Perón-Balbín y en lo económico aplicó el llamado Plan Gelbard, (por José Ver Gelbard, el empresario fundador de la CGE) vigente entre mayo de 1973 y octubre de 1974, y frustrado por la temprana muerte de Perón. El modelo parte de un pacto social que garantice el mismo tiempo, un reparto equitativo del ingreso entre empresarios y trabajadores (inspirado en el histórico 50-50), con altos salarios y también alta productividad. El plus de productividad, la contención de los precios de los alimentos y un Estado activo promoviendo la oferta exportadora sería el manual, para evitar las crisis externas típicas. El primer gobierno de Perón, a su vez, fue el introductor de incentivos como el bono de fin de año o de navidad. En su gobierno, era la “frutilla del postre” de un plan económico sostenido en la plena vigencia de los derechos laborales. En los últimos años, los bonos y aportes extraordinarios se conciben como una “zanahoria”, para evitar explosiones sociales inevitables. O para hacer creer a los excluidos que a ellos también les espera un futuro virtuoso.