Fotos del Día Opiniones Provinciales

Una encuesta arrasadora

Por Alberto Hedman*

La aplastante victoria de la fórmula Alberto Fernández-Cristina Fernández de Kirchner en las primarias que se celebraron ayer en todo el país sacó a la luz el descontento de millones de argentinos agobiados por impopulares políticas de ajuste en beneficio de los grupos del poder concentrado. El pueblo supo ver el rey desnudo detrás de la máquina de sueños de la alianza Cambiemos, y salió masivamente al cruce de la reelección de un presidente que, tras haber empeorado todos los indicadores sociales y económicos recibidos en 2015; pretendía seducir con más de lo mismo. La derrota, en retrospectiva, ilumina la soberbia del candidato que – recostado sobre un entorno de miseria social y recesión económica- se daba el lujo de afirmar que en su segundo mandato haría “lo mismo que en el primero, pero más rápido”. Al salir a admitir –que no es lo mismo que reconocer- la derrota electoral, Macri siguió en la misma tesitura, dejando la impresión de que el camino a las elecciones de octubre no lo encontrará asegurando la gobernabilidad, con vistas a un traspaso del poder, como sería lo correcto ante resultados tan contundentes. Por el contrario, sus palabras al mandar a dormir a los argentinos y anticipar una represalia de los mercados, sugirió una velada extorsión al pronunciamiento democrático. Una tesitura que se sostiene en el fundamentalismo de mercado y que muchos voceros oficiosos del poder de turno sostenían ya anoche, mirando al precio en alza del dólar en las pizarras de las cuevas cambiarias. La posibilidad de que el presidente ceda al capricho de estrellar la calesita en lo que le resta de mandato no es un dato menor del escenario que instalaron, en forma incontrastable, los resultados de este domingo.

Sin medias tintas

El triunfo del Frente de Todos, por 47,65% contra 32,08% de Juntos por el Cambio, como el menguado 8.22% de Lavagna Urtubey, y el 2,86 del Frente de Izquierda de Nicolás del Caño, -que perdió frente al voto en blanco-, es elocuente en cuanto a lo que cabe esperar de aquí a octubre. Estas cifras y el 75% de participación del electorado, descalifican la estrategia facilista de restar entidad a las PASO, que inauguró la inefable “Lilita” Carrió ayer ya en el momento de votar, y se hace escasamente sostenible la prognosis de un balotaje obligado en noviembre. El augurio de una ajustada polarización no sobrevivió como tampoco los discursos “anti grieta”, que pretendían ocultar la contradicción antagónica entre dos modelos de país, con profundas raíces en la historia argentina. Frente a ello, se consolida la construcción política de unidad nacional, y el discurso de los ganadores alienta un período transicional de reconstrucción. Muy lejos del relato de la “vuelta al pasado”, que desveló a Macri, como antes a Menem. Por añadidura, el más significativo porcentaje del Frente de Todos lo consiguió la fórmula Kicillof-Magario en tierra bonaerense, venciendo por casi el 50% de los votos a la gran esperanza blanca de Cambiemos, la gobernadora María Eugenia Vidal. La modesta pero intensa campaña “localidad por localidad” de Kicillof a bordo de un Renault Clío disolvió el constructo mediático de un futuro político asegurado gracias a la linda cara de la gobernadora del primer distrito electoral del país. Con derrotas en Santa Fe (43,6% – 33,9%) y en Mendoza, (44,4%-37,5%), el oficialismo solo pudo festejar –sin demasiado énfasis- en Córdoba (donde ganó 48% a 30%) y en el bastión de la CABA, que retuvo Horacio Rodríguez Larreta, aunque por menos diferencia (44.4% a 33%) que en la elección anterior. A la debacle en los distritos más opulentos del país central correspondió, además, una caída en todo el interior federal.

Madurez y unidad nacional

Demás está decir que el triunfo del Frente de Todos fue posible por la visión estratégica de Cristina Kirchner y el arraigo de su liderazgo en un amplio rango del electorado, inmune a la campaña de demonización que diariamente impulsan los medios adictos al gobierno nacional y un sector intrépido y ultrapolitizado de la Justicia. Por contraposición a esta construcción de lo político sostenida en el primitivismo emocional, representado en el odio reactivo a los que “se robaron todo”; el pronunciamiento electoral en todo el país expone la madurez de la tradición nacional y popular. Quienes insistían en los meses previos en desvalorizar a las PASO como “una simple encuesta”, no contaron con que la energía del campo popular les iba a contestar con una encuesta arrasadora.