Fotos del Día Opiniones Provinciales

¿Qué se vayan todos?

Por Alberto “Tito” Hedman

La profecía sobre una inexorable embestida de los mercados tras el voto masivo que lo dejó con un pie afuera de la Casa Rosada, proferida por el presidente Macri en la noche de cierre de las PASO, y que subrayó con el enojo del lunes, se materializó en los días subsiguientes. Una violenta suba del dólar y del riesgo -país, seguida de la caída de acciones y bonos argentinos, todo atribuido al “retorno al populismo” según el argumento en boga, le puso presión a la escena pos electoral. Muchos analistas, entre ellos especialistas del banco de inversión Morgan Stanley, en un informe a sus clientes que comentó un diario nacional, definieron a la realidad que sobrevive a los comicios como similar –y hasta peor- a la crisis terminal de 2001. En el mismo sentido se orientaban ayer los temores del ciudadano común, segundo día de incertidumbre cambiaria y martes 13 por añadidura. Esta mañana, Macri salió a recomponer la situación a su manera con el anuncio de un paquete de medidas de crisis. Lo único que logró – como le ocurrió a mediados del año pasado- fue desencadenar una nueva suba del dólar, que trepó en la apertura cambiaria de hoy a 61 pesos. La cuarta devaluación de su mandato acumula más de 30% en tres días y empuja aún más la situación económico-financiera hacia el modelo-estallido de 2001. Es que el paquete de crisis por un costo fiscal de 40.000 pesos, con dos bonos-soborno de 2000 pesos a empleados en relación de dependencia en septiembre y octubre, la convocatoria al Consejo del Salario, la desgravación impositiva para Pymes, la suba del mínimo imponible de Ganancias y el congelamiento del precio de las naftas por 90 días; sonó a manotón de ahogado en un mar de incertidumbre. Es imposible no ver que las medidas no tocan el problema central, que es la inexistencia absoluta de controles al ingreso y egreso de capitales y la imposibilidad de contener la apreciación del dólar; la pérdida de reservas, que llegó a más de 500 millones de dólares este martes y lleva dilapidados más de 3500 millones en tres semanas, y la fuga de divisas.

Modelo especulativo

La fragilidad financiera, que es sistémica en el modelo especulativo de Cambiemos, no permite ver el fin de una corrida sin un techo visible. El anuncio, que el traslado a precios de la suba cambiaria licuará más temprano que tarde, mostró la hilacha electoralista y dejó ver –por acción y omisión- que la reacción del Ejecutivo tras los comicios está lejos de ser la adecuada para poner coto a la incertidumbre, con un dólar que se dispararía hasta los 70 pesos y un piso de inflación del 50%. Pese al amague de medidas de estímulo a la actividad, que en realidad buscan estimular el ánimo del elector oficialista, y un pautado pedido de perdón, Macri parece estar muy lejos de comprender que las circunstancias exigen que se baje del tablado escénico y asuma el rol de Jefe de Estado. La similitud con la crisis de 2001 es relativa, igualmente, no sólo porque la historia no se repite, –o “se repite primero como tragedia y luego como farsa”, como dijo un reconocido pensador- sino por la madurez que transmitió el mensaje de la ciudadanía, unitivo y generador de expectativas.

Castillo en llamas

Lo que está en llamas –conviene subrayarlo cuando se intenta criminalizar el voto mayoritario- es el castillo inflable de la economía que se erigió en los últimos cuatro años, y en particular una facciosa conducción de la macroeconomía, que abre todas las puertas a la especulación financiera y se las cierra, con la ayuda del Fondo Monetario Internacional (FMI), a las familias trabajadoras y de clase media y a las empresas Pyme. Un paquete producto del pánico electoral, o un reconocimiento tardío de una derrota sin atenuantes cuando la crisis política amenaza a la propia alianza de gobierno, no hacen más que potenciar la incertidumbre. Y darle pie al cuestionado primer mandatario nacional para hacer lo que sabe hacer bien, victimizarse y echar la culpa a otros de sus errores. La crítica encrucijada post electoral, unida al autismo presidencial, exige soluciones urgentes y sostenibles. ¿Qué se vayan todos? No. Que se den un baño de humildad y coherencia los responsables de la conducción del Estado.