Opiniones Provinciales

Lima 2019 y la evolución de los últimos diez Panamericanos

Por Luis Sole Mases*

Los Juegos Panamericanos son el espacio donde se calibra el potencial del deporte Argentino cada 4 años. La “foto” de ese momento nos enorgullece y exalta, aunque en ocasiones no tanto.

Es que los atletas son una de las pocas expresiones genuinamente virtuosas de nuestra sociedad, y sumando, que nuestro País no paga mucho el virtuosismo, son sinónimo de belleza, esfuerzo extremo en soledad, disciplina y carestía casi monacal.

Lima 2019 nos ha dejado una sonrisa duradera en el rostro. Quintos en el ranking con 101 medallas y un 7,4% de las totales en juego (1361 medallas se disputaron). Es la cosecha más numerosa fuera de casa. No obstante en calidad México 1955 lejos sigue siendo la mejor actuación fuera de casa: Puesto 2ª, con 80 medallas obtenidas sobre 433 en disputa y una eficiencia del 18,4%.

No hay espacio de mayor exigencia, que los Panamericanos, donde se pueda medir completo el equipo Argentino. Los Juegos Olímpicos nos encuentran participando con menores pretensiones, excepto una decena de deportes que luchan con posibilidades de medallas.

Hay cosas que anduvieron bien. La creación de la Agencia del Deporte Nacional demostró ser un acierto: los fondos aunque reducidos por la crisis sin fin, se pueden ejecutar totalmente y en el tiempo requerido. Hay una mejor administración, los pagos llegan en fecha y esto lo reconocen propios y extraños. La eliminación del impuesto del 1% a los celulares terminó con “la caja” de la dirigencia inepta, dañina y parasitaria, quienes engullían la mitad del dinero que era para los atletas en “gastos burocráticos” (eufemismo). El intento de constituir otro CENARD en el actual Parque Olímpico del sur de CABA, más tarde o temprano se realizará cuando la turbulencia política pase. Sumándose o no al actual.

Hay cosas que están mal. No se debería retacear recursos a nuestros atletas. Es un error. El ajuste no debería llegar a este ámbito donde el volumen a invertir no mueve aguja y en cambio genera un mensaje poderosamente positivo. Tampoco tiene sentido práctico direccionar los fondos exclusivamente a los medallistas. La inversión debe responder a un sentido estratégico y predictivo del desarrollo deportivo en el marco del ENARD. Todo esto queda en abstracto hasta que la actual tormenta económica cese.

Hay mucho por hacer y mil cosas soñadas están pendientes, pero señales positivas emergen. Es momento de agradecer a nuestros jóvenes 530 atletas, a sus cuerpos técnicos y a la red gigante e invisible que los ha sostenido para llegar donde llegaron. A quienes nos representaron en Lima, a todos y cada uno, una deuda de gratitud eterna.