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Conocé a Héctor Campos y su historia de amor por el judo

La historia de Toto es la de muchos deportistas argentinos. Es arrancar en el club del barrio, soñar desde chico con llegar a lo más alto en un deporte que terminó amando después de coquetear con otros y la necesidad de venir a Buenos Aires para intentar concretar ese deseo. Es desprenderse de la familia, dejar a los amigos de la infancia y comenzar una nueva vida.

Héctor Campos le abrió a TyCsports.com las puertas de su hogar. Y su hogar, como para muchos deportistas que deben dejar a los suyos para venir para estos lados, es el Centro Nacional de Alto Rendimiento. “El Cenard es mi casa, es la posibilidad que me dio el Estado para poder cumplir mi sueño. Yo vivía en Viedma, Río Negro, y un día se me ocurrió venir para acá. No podía alquilar, era muy caro. Era menor de edad, y me dieron esta posibilidad”, relata el judoca, quien el 11 de agosto saldrá a representar a argentina en los Juegos Panamericanos de Lima.

La relación entre Campos, el Cenard y el alto rendimiento arrancó casi sin querer. “Empezó todo viniendo a un Panamericano a ver y el entrenador me dijo si no quería luchar porque faltaba uno.

‘Bueno, dale’, le digo. Me anoté y saqué una medalla de bronce con 19 años. Era un junior que recién estaba intentando pasar a senior. Fue medio loco. Estaba en la tribuna y Orlando Baccino no quería luchar en la Open, ya había luchado en más de 100. Yo había traído la ropa porque me iba a quedar una semana en Buenos Aires. Empecé a luchar y a luchar, y cuando me quise acordar estaba peleando por la medalla. Les dije si me podía quedar a vivir acá porque en Viedma no tenía mucha gente para entrenar. Me dieron la posibilidad, me instalé en el Cenard y nunca más me fui. Y cuando me quise acordar en 2012 estaba en los Juegos Olímpicos”.

Toto estudió educación física junto a su novia, que vivió con él hasta 2017 y cuando se recibió se fue a Comodoro Rivadavia. “Hace dos años que voy y vengo. Y acá la estoy tratando (a la habitación) de adaptar como mi casa, pongo fotos de todos… “, cuenta el medallista en Toronto 2015 y señala orgulloso una foto con Emanuel Ginóbili. Es que él quería ser basquetbolista….

“Mi familia es una familia de judocas, tengo siete hermanos y todos hicieron judo. Entrenaba con mi papá. Era el profesor. No había otro deporte para elegir, ja. A mí me gustaba el básquet, me encantaba. Me dijo mi papá ‘querés hacer básquet, hacé básquet’. Y cuando vio que las clases se superponían me dijo ‘ténes que elegir’. Y le dije: ‘Bueno, básquet’”. Sin embargo, la elección no era tal. “No, judo’ me dijo y al tatami, jaja. Le agradezco eternamente por todo lo que conocí. Y mirá hasta dónde crecí, hubiera sido un base capaz, jaja”.

La cama está cubierta con el acolchado de Londres, en la pared cuelgan algunos de sus recuerdos y una de las fotos es con su actual compañero, Carlos Layoy, quien participará en Lima del salto en alto. “Ya somos como hermanos. Lo que aprendí de chico es que necesitás rodearte de gente que tiene tus mismos objetivos. Al principio acá había mucha joda, ahora se ordenó mucho. Estaba con pibes que salían todos los fines de semana, dormían a cualquier hora y yo necesitaba otra cosa. Pibes que quieran estudiar también”, destaca.

“Tengo el mejor ejemplo que es Paula (Pareto), que estudia, trabaja y tiene tiempo para todo. Necesitaba ponerme con alguien que tenga los mismos objetivos y lo bueno de Carlos es eso. Tenemos los mismos torneos, los mismos objetivos. Eso te encarrila”, reconoce el judoca.

¿Qué es el judo?

– Es un deporte individual y de combate que es durísimo. Te duele el cuerpo y te tenés que levantar todos los días. Es mucho de amor propio. En equipo tenés a tus compañeros que te apoyan, acá estás solo. No hay nadie empujándote. Tenés una lesión o lo que tengas, y hay que bancársela solo.

Hablando de lesiones, Campos sufrió el año pasado una muy seria: “Me está condicionando todo. Todo lo que estoy haciendo este año es a pulmón, me está costando la vida. Más que ya estoy grande (30 años). Me recontra bajonea porque hay un montón de cosas que no puedo hacer, pero a Lima voy decidido a meterme entre los tres primeros”.

¿Qué te pasó?
– Tuve una desinserción en el isquiotibial. En octubre, entrenando en el Grand Prix de Cancún, faltaban dos días para competir y me hacen una técnica, se me queda trabada la pierna, me sigue tirando y se me arranca del hueso. No es que fue un desgarro, que se cura y listo. Se me fue para abajo todo el músculo.

– ¿Y cuánto tiempo necesitabás para recuperarte?

– Lleva seis o siete meses. Cuando llegué (de Cancún) viajé a Comodoro Rivadavia, me hice la resonancia y ahí se dieron cuenta que el músculo se me había ido. Así que ahí de cero. Empezar de vuelta a caminar, a todo… No quería dejar, quería volver cómo sea y al mes y medio ya estaba haciendo pesas. Pero no estoy como antes. La movilidad, las técnicas que hacía con la pierna no las puedo hacer y tuve que cambiar un montón de cosas. Así que estoy sufriéndola. Te mata la cabeza.

MEDALLISTA FRACTURADO

Como dijo Campos, en el judo conviven con el dolor y lo que en otros deportes parecería una locura, como seguir con una fractura, Toto lo cuenta como algo normal. “Para los Odesur del 2014, en Chile, nos fuimos a preparar a Europa y en un torneo me fracturo la pierna. Una locura. Me ponen el yeso y cuando llego a Argentina a los médicos de acá les digo ‘sáquenme, estoy bien y quiero ir’. Faltaban dos semanas y fui con la fractura”.

La estrategia. “’Vamos a vendarte los dos pies para que no sepan cuál te duele’, me dicen los médicos. Llegué a la final y estaba para ganar pero con el que pelee sabía que tenía la pierna rota, me metió tres o cuatro patadas ahí y mi cabeza… Viste que me decís cuánto te influye… Me termina ganando un ecuatoriano al que yo le había ganado en los torneos anteriores en 10 segundos. Agarraba, lo tomaba y lo tiraba. Me dio mucha bronca. Esas son las cosas del deporte de combate. ¿Quién va a competir con una fractura? Imaginate si (Lionel) Messi se fractura, lo bajan al toque. Sé que es otro deporte, otro profesionalismo, otra plata, otro marketing… pero nosotros tenemos esa locura”.

“AL JUDO LE QUEDA POCO TIEMPO”

Toto Campos tiene decidido volver a Comodoro Rivadavia y su ilusión es aportar su experiencia en un deporte que, según su visión, no está bien. “¿Por qué no pueden formarse los chicos bien y con buenos profesores en el Sur o en el Norte? Me encantaría que los chicos no tengan que venir a Buenos Aires a los 16 años para tener una buena clase de judo. No sirve solamente dar un tatami a una provincia, sirve capacitar a los profesores y en eso no se invierte ni un centavo. No lo digo de parte del Enard, lo digo de parte de nuestro equipo, de nuestra confederación. Es la realidad, no tengo miedo a decirlo porque es lo que pasa. Al judo le queda poco tiempo. Vamos en picada”.

“Me gustaría estar ligado al judo y ayudar para que todos tengan las mismas posibilidades, pero tendrían que cambiar muchas cosas. ¿Qué debe cambiar? Que todos tiremos para el mismo lado, que todos seamos lo mismo. Que se sepa que hay un equipo de judo, que los directivos sepan los nombres de los competidores. Tener una identidad, aprovechar las medallas. Estamos a un año de los Juegos Olímpicos, Paula no sé si va a seguir y pensás si el judo argentino lo aprovechó. No, no lo aprovechó. En nada. No aprovechó en desarrollo tener a la campeona olímpica. Es la realidad y también lo piensan los entrenadores y entrenadoras. Lo hablamos en Canadá (donde se hizo el último Panamericano de judo)”, agrega el rionegrino.

“En América ya perdimos el puesto que teníamos, la cantidad de practicantes bajo un montón en Argentina. Vino un francés a entrenarnos y darnos cursos y en el Tatami había 15 personas cuando antes capaz tenías 50. Es un deporte duro también. Te duele el cuerpo y tenés que levantarte. Las distracciones fueron cambiando, la sociedad, hoy los chicos prefieren tener un celular en la mano que a venir a romperse en un gimnasio. Y también eligen otros deportes que están más de moda. Por eso se podrían haber hecho cosas en el judo, no se hicieron y creo que ya es tarde”, aseguró.

“No todo es arriba del tatami lo que se puede hacer. No solo puedo ayudar en el judo, sino en otros deportes. Soy un deportista olímpico, que anduvo por todo el mundo y tengo un montón de experiencia que vas aprendiendo, viendo, conociendo… Tenés contacto con otros deportistas, aprendés un montón. Hablás con metodólogos y aprendes un montón de cosas que se pueden hacer a nivel provincial. Ese es mi objetivo para el futuro. El judo me formó, me dio la posibilidad de estudiar y es el que mi papá me inculcó como deporte. Es la realidad, hay que decirla sin miedo. Te da tristeza porque es el deporte que querés”, concluyó.